El error de producir más
Cuando algo no está funcionando, el instinto es subir el volumen. Casi siempre es la decisión equivocada, y esta es la razón.
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Cuando una marca siente que su presencia digital no le está dando resultados, la reacción es casi siempre la misma: producir más. Más publicaciones, más formatos, más frecuencia. Si tres videos a la semana no funcionaron, probemos con cinco.
Es una reacción lógica y es, casi siempre, la decisión equivocada.
Producir más solo amplifica lo que ya hay
Publicar es un multiplicador. Si lo que se está publicando tiene un camino claro detrás, publicar más acelera los resultados. Pero si no lo tiene, publicar más solo distribuye la confusión a mayor velocidad. El problema no se diluye: se hace más visible.
He visto marcas duplicar su producción durante seis meses y terminar exactamente donde empezaron, solo que más cansadas y con menos presupuesto. Y con una conclusión falsa instalada: “esto no sirve”.
La pregunta que casi nadie se hace
Antes de preguntar cuánto deberíamos publicar, hay una pregunta anterior: ¿qué deberíamos dejar de hacer?
Es incómoda, porque implica aceptar que parte del trabajo de los últimos meses no estaba aportando. Pero es la que desbloquea todo. En casi todos los diagnósticos que he hecho, la primera decisión importante no fue agregar algo: fue quitar.
Quitar el formato que se hacía por costumbre. Quitar la red social donde no está el cliente. Quitar el mensaje que no dice nada. Quitar la campaña que existe porque alguien la propuso hace un año.
Un ejercicio para hacer esta semana
Toma todo lo que publicaste el último mes y clasifícalo en tres grupos:
- Esto existe porque decidimos que era importante.
- Esto existe porque había que publicar algo.
- Esto existe porque lo vi en otra parte.
Si el segundo y el tercer grupo suman más de la mitad, no tiene un problema de cantidad. Tiene un problema de criterio, y producir más no lo va a resolver.
Lo que sí funciona
Menos piezas, con intención. Una decisión clara sobre qué territorio se ocupa y cuál no. Y luego sí: constancia, pero sobre algo que fue elegido, no sobre algo que se llenó por inercia.
La disciplina de no hacer es más difícil que la de hacer. También es la que más rinde.